Cuando comienzas a leer El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes (ed. Impedimenta), te das cuenta de que no vas a estar preparado para la historia. Que no vas a estar preparado para la crudeza descarnada presente en toda la obra.
Irás afrontando páginas con una punzada en el pecho atenazándote cada cierto tiempo. La verdad, hubo momentos que tuve que parar de leer.
Tatiana Ţîbuleac nos presenta en esta obra la historia de su protagonista y narrador Alesky, un joven con problemas psiquiátricos que odia de manera enfermiza a su madre. Esta pincelada podría dar una orientación equivocada de porqué el relato es cruento, pero las apariencias engañan.
Alesky vivirá las semanas más reveladoras de su existencia, cuando su madre decida llevarle de vacaciones al norte de Francia. Durante ese tiempo, Alesky, cambiará el odio feroz hacia su madre por compresión y devoción hacia ella. Irá creciendo y evolucionando con la historia, haciéndonos participes de sus emociones más profundas.
La autora nos muestra un relato donde la ira, la locura, el sufrimiento, la empatía y el cariño se hacen tangibles a través de unos personajes construidos magistralmente. Es una novela fascinante que mueve al lector entre la repulsión, la fascinación y la emoción de una forma extraordinaria.
Como hemos dicho, es una historia para la que el lector no esta preparado. Pero cuando se termina la lectura, esta te ha cambiado.
Disfruten y joie de vivre.
